Cómo se nota en la vida diaria
La dificultad para concentrarse puede hacerse evidente al leer: uno termina una página y descubre que apenas recuerda lo que acaba de leer. La falta de energía puede hacer que tareas antes sencillas requieran un esfuerzo considerable. También pueden aparecer irritabilidad, aislamiento o sentimientos de culpa que ocupan buena parte del día.[1]
El sueño y el apetito pueden cambiar en ambas direcciones. Hay quien duerme poco y quien pasa muchas más horas durmiendo; algunas personas pierden el apetito y otras comen más. Estas diferencias ayudan a describir el episodio, pero no bastan para diagnosticarlo.[1]
Desde cuándo ocurre
Para hablar de un episodio depresivo mayor se requiere habitualmente que los síntomas estén presentes durante al menos dos semanas, la mayor parte del día y casi a diario. Es un criterio diagnóstico; si el deterioro es importante, la valoración debe hacerse antes.[1]
Otras posibles explicaciones
Una pérdida, una enfermedad física o determinados medicamentos pueden acompañarse de síntomas que se parecen a los de una depresión. A veces ambos problemas coexisten. Por eso revisamos la historia médica y decidimos si hacen falta una exploración o pruebas complementarias.[2]
Si ha habido periodos de energía excesiva, menor necesidad de dormir o cambios llamativos de conducta, necesitamos estudiarlos también. Pueden corresponder a episodios de hipomanía o manía y cambiar el diagnóstico hacia un trastorno bipolar.[3]
Para qué sirve un cuestionario
Un cuestionario ayuda a registrar los síntomas y comparar cómo cambian con el tiempo. Para interpretar el resultado seguimos necesitando saber qué le ocurre a esa persona y cómo le afecta. Dos puntuaciones parecidas pueden corresponder a situaciones clínicas diferentes.[4]